Hace un momento me ha llamado mi padre para decirme que mi abuela (su madre) acaba de fallecer en la ciudad de New York. A pesar de que tiene mucho tiempo viviendo en Estados Unidos, y viene solo a veces por una o dos semanas, es decir, que desde hace muchos años había estado muy distanciada del resto de la familia me sorprendió el hecho de que aun no había terminado de recibir la noticia cuando ya las lágrimas salían de mis ojos.
Es que a pesar de estar tan lejos, de que casi nunca hablamos y de lo poco que nos veíamos hay abuelos por los que desarrollamos un amor especial, como el que le tenemos a nuestros padres, creo que es que quizás los abuelos no nos quieran más que nuestros padres pero no hay duda de que nos quieren mejor.
Es tan triste que haya fallecido tan lejos de nosotros, quisiera estar cerca de ella para tomar su mano aunque sea por última vez.
Recuerdo haberla ido a visitar las últimas veces que había venido, aunque como ya le fallaba la memoria por la edad en ocasiones no recordaba que la había ido a visitar el día anterior.
Nunca voy a olvidar los aproximadamente dos años que viví en su casa en el campo, con mi padre y mi abuelo también. Cuando ella nos despertaba a mi hermanito y a mí como a las 7 de la mañana cuando los días estaban llenos de neblina por el frio, para ir a buscar guineítos nuevos al conuco, auyamas y huevos del nido de las gallinas para hacer el desayuno.
La auyama nunca ha sido santo de mi devoción porque no me gustaba mucho el vibre, pero mi abuela preparaba ese desayuno con tanto entusiasmo y amor, que me daba vergüenza de tanto que comía, tanto que hasta la leche me tomaba, y eso que la leche nunca me ha gustado.
Bueno en fin solo sentía la necesidad de desahogarme y sacarme esto del pecho y encontré que esta era la mejor manera.
Adiós mamá, siempre estarás con nosotros hasta el día que nos volvamos a encontrar en el cielo.
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