Después de la pérdida de una persona muy querida, cuando nos enfrentamos por primera vez a una de las situaciones que habitualmente compartíamos con ella, afloran nuevamente los sentimientos y emociones que nos recuerdan su ausencia (tristeza, añoranza, agradecimiento, culpabilidad), que reabren la herida que todavía no se había cerrado totalmente y adicional, nos crea esa nostalgia y genera esa dificultad de tener que resolver la situación que se nos presenta sin su presencia ni su ayuda.
Las fiestas de Navidad seguramente serán la prueba más grande que tendremos que superar en nuestro camino. Las navidades reúnen muchos elementos que llegan al fondo de los sentimientos de las personas que echamos de menos a nuestro lado, a la persona que más necesitamos en estos momentos. Te das cuenta con mucha más intensidad de su ausencia física y de todas las cosas que ya no podrán ser. Todo lo que envuelve la Navidad, como las iluminaciones de las calles, la música, las aglomeraciones de personas buscando regalos, la publicidad que enfatiza los sentimientos, todas estas cosas nos recordarán otras navidades pasadas y nos removerán nuestras emociones.
Realmente no es la mejor época del año para aquellos a quienes tanto nos hace falta alguien. Como pasa con todos los temas relacionados con el duelo, no existe una fórmula mágica ni una receta milagrosa que podamos aplicar y listo. No hay nada que sirva para todos por igual. Cada duelo es único, cada persona es diferente. Por eso, de los diferentes “trucos” o rituales que pueden ayudarnos, seleccionaremos los que consideremos que nos pueden servir y nos olvidamos de los que no. Para afrontarlas tenemos tres alternativas:
1.- No hacemos nada, no las celebramos, nos quedamos en la casa sin salir de nuestro cuarto, viendo las navidades de los demás por Instagram, sintiendo un poco de “envidia de la buena”, como muchos dicen, pero sigue siendo envidia. Es una opción legítima, sobre todo si hace poco tiempo que se ha producido la pérdida o si los sentimientos todavía son tan fuertes que nos bloquean.
2.- Hacemos como si no hubiese pasado nada. Celebramos todo de la misma forma que siempre, sin ninguna referencia a la persona que nos ha dejado. Nadie dice nada, pero por dentro sentiremos una presión insostenible. Sentiremos de una forma agobiante su oculta ausencia, notaremos que su silla está vacía y además añadiremos la amargura de no estar haciendo nada para recordarla y honrarla. Para mí es la peor opción y si seguimos haciéndolo año tras año, cada vez se nos harán más insoportables estas fiestas.
3.- Es una opción que a menudo se le denomina como “construir una nueva Navidad”. Yo creo que quizás no se trata de “construir” sino de plantear cómo queremos que sean las navidades a partir de ahora.
Podemos enfrentar la realidad y darnos un auto regalo. Hazte un compromiso a ti mismo, el cual debes cumplir porque no te puedes decepcionar, ya que viene de ti y es para ti. Decide olvidar y para olvidar tenemos que perdonar. Perdona a todo aquel que te hirió en algún momento, mejor dale gracias a ellos porque de no ser así, no serías la persona fuerte que eres ahora. Por eso debemos ser agradecidos con todo aquel que nos bendice y con todo aquel que nos hace mal. ¡Perdona, olvida y date la oportunidad de volver a ser feliz!
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