Al menos eso creen los científicos según este artículo publicado en blogs.terra.es
Cuando uno se enamora no se acuerda ni de
comer, sólo piensa y vive para el ser amado, desarrolla una inmensa energía y
genera montones de endorfinas diarias que mantienen su típica sonrisa de
enamorado. Vamos, que el cerebro, la racionalidad, parecen abducidos por el
amor.
Y realmente es así, ya que hasta 12 áreas
del cerebro humano están involucradas en el sentimiento del amor, una emoción
que provoca alteraciones neuronales en áreas del cerebro relacionadas con la
percepción y que, según diversos estudios, no tiene el mismo comportamiento en
el cerebro de hombres y mujeres, según ha explicado a Europa Press el director
del Área de Cultura de la Sociedad Española de Neurología (SEN), el doctor
Jesús Porta-Etessam.
La aplicación de las técnicas de
neuroimagen han permitido determinar gran parte de los circuitos cerebrales,
las estructuras neuronales y los neurotrasmisores que hacen que la gente se
enamore. "Las técnicas de neuroimagen han permitido acercarnos al
conocimiento de muchas de las conductas que caracterizan a los seres vivos",
explica este experto.
Estas investigaciones también apuntan a que
tanto el amor como la fidelidad poseen una clara base neurológica, donde
neurotransmisores como la adrenalina, la dopamina, la serotonina, la oxitocina,
vasopresina, etc. son elementos fundamentales para comprender por qué nos
enamoramos. Es decir, que el hecho de que haya gente más enamoradiza o infiel
tiene una base genética.
En la última década, se ha publicado un
importante número de estudios que han puesto al descubierto el papel que juegan
varias partes de nuestro cerebro (el hipotálamo, la corteza prefrontal, la
amígdala, el núcleo accumbens, el área tegmental frontal, etc.) en el amor.
Gracias también a la utilización de
técnicas de neuroimagen, se ha determinado también que la actividad neuronal es
distinta según se trate de amor, apego a la pareja o deseo sexual, por lo que
nuestro cerebro no se activa de igual manera en las relaciones duraderas que en
las etapas iniciales de enamoramiento. Y que el cerebro de los hombres y el de
las mujeres experimentan el amor de forma distinta.
Porta-Etessam señala que "mientras que
los hombres, cuando se enamoran, parecen tener una mayor actividad en la región
cerebral asociada a los estímulos visuales, en las mujeres se activan más las
áreas asociadas a la memoria".
Otros estudios muestra que se tarda sólo
medio segundo en enamorarse o que el sentimiento amoroso provoca alteraciones
neuronales en áreas del cerebro relacionadas con la percepción, lo que puede
explicar el hecho de que las personas enamoradas encuentren a su pareja mucho
más especial que el resto.
"Una de sus múltiples investigaciones
al respecto muestra que tanto el amor como el odio estimulan algunas de las
mismas regiones cerebrales. Pero mientras el amor parece inhibir parte de las
zonas donde se procesan las ideas racionales, el odio las hiperactiva",
concluye Porta-Etessam. De ahí el famoso refrán que dice que del "amor al
odio hay un sólo paso".
¿Acabarán desarrollando un vacuna contra el
amor o bien para prolonga las increíbles emociones o sensaciones del principio?
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