SANTO DOMINGO. Pasan inadvertidas, se deslizan por las
conversaciones sin que apenas la gente las note, pero en realidad las palabras
y las formas distintas de hablar en el país forman parte de, al menos, tres
maneras del español dominicano.
En la pronunciación
dominicana -según la doctora española María José Rincón- se da un rasgo
fonético que se llama seseo, que consiste en que el hablante no hace distinción
entre la "S" y la "C" (Todo suena a S); entre la
"Y" y la "LL" (Todo suena a Y y eso es yeísmo) y entre la
"G" y la "J" (porque todo lo pronunciamos como J).
Con ánimo de
estudiosa de la lengua, Rincón pone en evidencia el uso de expresiones
medievales en nuestro país como "ello hay", que aparece hasta en El
Cantar del Mio Cid y casi extinta en otros países de habla hispana.
Medieval y
desaparecida también es la doble negación, como cuando decimos: "Nosotros
no vamos no" o "Conmigo no cuentes no".
Como sucede en
Andalucía y en otras regiones del Sur de España, aquí se da "una caída de
la d intervocálica", dice María José Rincón.
"En República
Dominicana hay un paso más allá a la caída de la D intervocálica. De ‘barbudo'
caemos la D y nos queda ‘barbúo' y de ahí, elidimos la O final y nos queda
‘barbú'. Y cuando queremos hacer el plural no volvemos a ‘barbudos', sino que
decimos ‘barbuses'. Igual que en Andalucía se dice cafeses", analiza.
Y si la
"D" entre vocales cayó en nuestra pronunciación, la "S" al
final de sílabas o palabras se debilitó y, en la mayoría de los casos
desapareció. "¿Tú me entiende' o quiere' que ponga vario' ejemplo'?"
"Carnavar", "hogal" y "caminai"
A oídos de un
extranjero o extranjera, como Rincón, suenan así las diferentes pronunciaciones
regionales:
Los capitaleños, al
pronunciar, preferimos poner una "L" en lugar de la "R" que
va al final de algunas palabras. Eso, aunque uno no lo note, sería decir
"hogal" en vez de "hogar" o "amol" en lugar de
"amor".
Los sureños, en
cambio, ponen una "R" en palabras que al final llevan una
"L". Su "carnaval" vendría a ser un "carnavar".
Los cibaeños, en
cambio, echan mano de la "I" para sustituir la "R" y la
"L" cuando van al final de las palabras. "Tú como que me quieres
engañai".
A parte de estas
formas, hay una característica común a todas las regiones. "Aunque ustedes
no lo noten, aquí la "R" múltiple pierde fuerza, en mayor o menor
grado. Claro, no es como en Puerto Rico donde dicen "ajró", por
"arroz", pero se da esa "erre preaspirada". En esencia,
pronunciamos de forma débil la R cuando es doble.
Asociación inconsciente
María José Rincón,
en su conferencia en la Academia de la Lengua, dijo que los usos de las
palabras dependen de cada persona. Si alguien tiene poca o ninguna escolaridad,
el uso de ciertos términos no es incorrecto.
Cuenta, sin
embargo, que ha escuchado en dominicanos y dominicanas de diversos niveles
educativos la terminación "tábano" para la terminación de la primera
persona del plural de las formas verbales.
"Nosotro‘
tábano' en la playa" o "Ayer la vimo' cuando ‘íbano' pa' la
e'cuela".
Para Rincón, de
alguna manera, la gente hace una asociación inconsciente de "nos" con
nosotros, que a fin de cuentas significan lo mismo. Pero el "tábano",
como el arcaísmo "ello hay" es más pasable en personas de baja
o ninguna escolaridad.
Considera, además,
que si aquí se dice "vagamunda" por "vagabunda" es por una
asociación de vagar por el mundo, lo cual corresponde al espíritu de la
palabra. Y se usa "Eduvirgen" por el original "Eduvigis",
otra sustitución inconsciente y adecuada porque "vigis" es del latín
y significa "virgen".
El culto aspira al español estándar
"El verdadero
culto es el que sabe adaptar su herramienta lingüística a la situación
comunicativa", explica María José.
Sin embargo, el
hablante culto busca normalizar sus variantes dialectales hasta llevarlo al
español estándar o culto para facilitar el entendimiento con otras personas.
Explica que no es
cierto que el español de Colombia sea el mejor de América. Cada uno es
diferente.
El 99 por ciento de
los rasgos que distinguen el español dominicano estaba en nuestra lengua. No
vienen de otra, dice Rincón.
Diario Libre
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