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miércoles, 16 de octubre de 2013
Encuentre al haitiano detrás de su apellido "dominicano" consultando esta lista
Hace unos años, exactamente los días 18 y 25 de enero de 1999, el historiador Frank Moya Pons escribió en la desaparecida revista Rumbodos artículos que cobran actualidad en estos días.
El primero, “Raíces haitianas en Santo Domingo”, aparecido en la edición 259, comienza diciendo: “El ferviente antihaitianismo de muchos dominicanos les ha hecho olvidar los lazos de sangre que ligan a numerosos habitantes de una y otra parte de la isla, y ha contribuido a la ocultación de un hecho fácilmente constatable”.
Bien provisto de datos históricos, Moya Pons describe cómo se establecieron estos lazos. Y menciona entre las relaciones que contribuyeron a anudarlos la unión de campesinos y funcionarios haitianos del gobierno de Boyer, para entonces “administrador del Estado en la antigua colonia española”, con mujeres dominicanas.
El historiador cita un primer ejemplo, el de la familia Despradel, asentada en La Vega durante la dominación haitiana, cuando llegó a esa provincia Saint-Julian Despradel o “Des Pradères”, “dejando una distinguida descendencia que ha dejado importantes huellas políticas y culturales en la vida dominicana”.
“El ferviente antihaitianismo de muchos dominicanos les ha hecho olvidar los lazos de sangre que ligan a numerosos habitantes de una y otra parte de la isla, y ha contribuido a la ocultación de un hecho fácilmente constatable”.
Párrafos adelante, continúa mencionando apellidos de linaje haitiano: Montás, Chevalier, Leger, Doñé, Calier, Dipré, Lapaix, Garó, asentados en San Cristóbal, “que llegaron al país mientras la isla estuvo unificada bajo el gobierno de Puerto Príncipe”.
“Además de estos, existen otros numerosos apellidos diseminados por todo el país que apuntan a un reconocido origen haitiano como los Hereaux de Puerto Plata, los Thevenín de Azua, los Diloné de La Vega, los Dubal de San Juan de la Maguana, los Beltré de Santo Domingo y los Lespier de Navarrete”.
Moya Pons añade un dato interesante para la comprensión del fenómeno que describe: “La dominicanización de los apellidos se aceleró después de la matanza de haitianos perpetrada por Trujillo y sus colaboradores en 1937 pues a partir de ese año nadie con apellido haitiano podía sentirse seguro en la Repúbliva Dominicana”.
El segundo artículo, publicado el 25 de enero en el número 260 de Rumbo, es mucho más abundante en datos. Titulado “Apellidos haitianos (y franceses) en Santo Domingo”, su primer párrafo alude a la ignorancia con la que muchos dominicanos acometen su propia genealogía.
“Es frecuente oír a muchos dominicanos que descienden de haitianos, pero que desconocen su origen, hablar de buena fe acerca de sus supuestos antepasados franceses sin saber que sus apellidos llegaron al país desde Haití”, dice Moya Pons.
Por efecto del miedo aludido en el artículo anterior, la grafía de muchos de estos apellidos fue transformada por sus portadores. Así Vincent se convirtió en Benzán, Bazile en Bazil, Vraiment en Bremón, Montaigne en Montaño, Nanette en Nanita, Marcelin en Marcelino, Lebrun en Lebrón, D’Hotel en Dotel, Coicu en Coiscou, Poujol en Pujol.
“La dominicanización de los apellidos se aceleró después de la matanza de haitianos perpetrada por Trujillo y sus colaboradores en 1937 pues a partir de ese año nadie con apellido haitiano podía sentirse seguro en la Repúbliva Dominicana”.
“La determinación exacta de las familias dominicanas de ascendencia haitiana tal vez nunca pueda completarse debido al ocultamiento de sus orígenes que han realizado muchas de estas familias luego de su llegada a la República Dominicana”, apunta Moya Pons.
Copiamos a continuación los ejemplos que provee el historiador en este artículo.
A
Alí, Antoine, Aquino, Arnaud,
B
Baret, Bazil, Belliard, Beltré, Benoit, Benzán, Benzant, Bergés, Bernard, Bidó, Biné, Binet, Bisonó, Blanchard, Bonnet, Bonet, Bonetti, Borbón, Brazobán, Buret, Bourget, Boyer, Bremón, Bretón.
C
Cadet, Caró, Cepín, Cerdá, Chanlatte, Cherry, Chevalier, Cifré, Clairot, Coiscou, Coradín, Corniel, Cornielle, Corporán, Cruceta.
D
Dalmasí, Deveaux, Deetjen, Desangles, Deschamps, Despradel, Deveaux, Difú, Difús, Difut, Diloné, Diplán, Dipré, Diroché, Doñé, Dotel, Dubeau, Doucoudray, Dupré, Durán, Durocher, Durval, Duval, Duverliet.
F
Fabián, Fabré, Feliú, Florián, Florimón, Fourment, Frinán, Frómeta.
G
Gatón, Gautreau, Germosén, Gerón.
H
Herasme, Herrand, Heureaux, Holguín, Husmeau,
I
Isidor
L
Labourt, Lachapelle, Lacrespaux, Lafontaine, Lapaix, Larancuent, Lascrepaux, Lasosé, Laucer, Lebrón, Leger, Lemoine, Lespier, Luperón, Lusón.
M
Mañón, Marcelin, Michel, Milor, Minier, Mondesí, Mondesir, Monegro, Montaño, Montás, Moquete, Morbán, Moreau, Moreta, Moronta, Morrobel.
N
Nanita, Nina, Noel, Noesí, Nohesí
O
Ogando, Oguís,
P
Pagán, Paul, Paulino, Payán, Payano, Peignand, Pelletier, Peñaló, Pepén, Pepín, Pierret, Pochet, Pontier, Pujol, Pradel.
R
Renville, Riché, Richiez, Ricourt, Rivière, Román, Rondón, Roseaux, Rosón, Royer
S
Saint-Hilaire, Saladín, Salcé, Saneaux, Santos, Sarubí, Sención, Severino, Silié, Soñé, Souffront, Suberví,
T
Thevenín,
U
Ubén
V
Valette, Viau, Vincent
La lista no es exhaustiva sino enunciativa. Habla, simplemente, de la historia.
lunes, 16 de julio de 2012
Pintura del Barón del Cementerio
NUEVA YORK. Según la leyenda que se cuenta de generación en generación, en la República Dominicana "El Barón del Cementerio" es la primera persona en ser enterrada en un camposanto.
El destacado e ingenioso pintor dominicano radicado en Nueva York, Chiqui Mendoza Almonte, ha recogido en su cuadro semiabstracto, la leyenda del "Barón del Cementerio", una pintura que ganó el tercer lugar en la XVII Bienal de Artes Plásticas del Centro Cultura Eduardo León Jiménes de la República Dominicana.
"La pintura hasta metía miedo a mucha gente", recordó el artista en una entrevista con un periódico hispano local. Dice que su pintura "es tan poderosa que infunde temor".
Muchos se arrodillan ante el cuadro y le piden "milagros", según el pintor. A pesar de que la obra no presenta a un "Barón del Cementerio" como un zombi, un vampiro al estilo drácula o fue creada con expresiones mostrencamente "humanas" y tampoco se trata de una calavera o un muerto viviente saliendo de su tumba, el pánico generado por el fervor de los seguidores de la leyenda, se convierte en parte de la reacción inmediata de quienes contemplan la obra.
La pintura también se vende en muchos sitios en la Internet y en las páginas y blogs del propio artista.
Define la creación como parte de la esencia de la dominicanidad. "El Barón del Cementerio es un cuadro en el que expongo la superstición de los dominicanos, pero de manera luminosa", expresa con relación a los colores vivaces que dio al cuadro y que no presenta ninguna expresión del terror tradicional que inspira los muertos.
Leyenda
Si es hombre adquiere el nombre de " Barón", si es mujer, el de "Baronesa". Para los dominicanos que son devotos de la fábula, el Barón se encuentra sincretizado con la imagen de Elías del Monte y Carmelo y su compañera Santa Marta "La Dominadora" , cuya imagen es la "santa" que tiene la culebra.
En el cementerio, en la Cruz Mayor (la más grande) es donde siempre se realiza el culto. Allí, las creyentes hacen sus celebraciones pidiéndole al Barón los "favores" y "milagros" que necesitan.
Esas peticiones siempre las realizan a las 12:00 de la noche los martes y viernes, o a las 12:00 del día.
La tradición legendaria sostiene que esas son las horas en las que el Barón concede las peticiones. Rezando un Ave María y un Padre Nuestro se lleva como pago al Barón tres túbanos (cigarros), tres velas negras, un refresco rojo, una botella de café amargo, un pollo pinto, una gallina negra y otras "ofrendas" acordes con la petición que se vaya a hacer.
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