Todos en la vida conocemos personas que hablarán mal y/o bien de nosotros. Eso es algo que no podemos cambiar y que tenemos que aceptar y vivir rodeado de ellas.
También vamos a conocer personas pesimistas y personas
optimistas. De los peores tipos de personas de que nos podemos rodear sin duda
alguna están los pesimistas. Tenemos que evitar que esas personas entren a
nuestro círculo. Si ya están allí tenemos que idear la forma de sacarlas.
No digo que las personas pesimistas sean malas personas o
que te vayan a hacer un daño, pero sí pienso que lo negativa llama negatividad.
Las personas pesimistas siempre ven lo negativo de las cosas y esa es una
manera muy triste de afrontar la vida.
Tampoco es saludable una persona demasiado optimista (soñador);
es bueno tener siempre los pies sobre la tierra. Ser optimista es recibir cada
día con alegría y entusiasmo. No es que siempre vamos a estar con una sonrisa
de oreja a oreja como un payaso, pero si despertarnos cada día con la ilusión
de que será un día grandioso aunque al final de cuentas no lo sea. Si vivimos
cada día con esa actitud un día pésimo pasa a ser un día no muy bueno. Sin embargo,
si comenzamos cada día lleno de angustias y de pesimismo estamos de ante mano echando
a perder lo que podría ser un día maravilloso. Es más, con esa actitud no se
puede tener un día estupendo, porque un día estupendo pasaría a ser un día no
tan malo.
Otro tipo de personas que debemos evitar son un tipo muy
especial de individuos que con intención
o sin ella hace que actuemos de una manera que no nos conviene.
Para expresarlo de una manera simple y clara, mi línea de
pensamiento es que hay personas que aparentemente nacen con la habilidad o
capacidad de sacar siempre lo peor de nosotros. Puede tratarse de una novia, de
conocidos, compañeros de trabajo, etc. Pero sin importar de donde conozcamos
estos “maravillosos seres” y por más apego que tengamos a ellos, tenemos que
dejarlos porque créanme cuando les digo que nada bueno saldrá de ahí.